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09/09/2026 Seúl, la ciudad que imagina el futuro sin renunciar a su pasado

Seúl, la ciudad que imagina el futuro sin renunciar a su pasado

Seúl no obliga a elegir entre pasado y futuro. En una misma jornada permite caminar entre palacios centenarios, entrar en uno de los grandes templos del arte contemporáneo asiático y terminar la noche explorando una de las escenas gastronómicas más inquietas del mundo.

Viajar a Seúl es adentrarse en una capital sofisticada y creativa, donde la innovación forma parte de la vida cotidiana.

Una ciudad que no se parece a ninguna otra

A primera vista, Seúl parece avanzar a una velocidad difícil de seguir. Pantallas gigantes, arquitectura futurista, cafeterías conceptuales, tiendas abiertas hasta tarde y una relación casi intuitiva con la tecnología dibujan la imagen de una de las grandes capitales del siglo XXI. Sin embargo, basta desviarse unas calles para que el escenario cambie por completo: tejados de madera, patios silenciosos, pequeños talleres artesanos y palacios que conservan la memoria de la dinastía Joseon.

Esa convivencia explica buena parte de su magnetismo. La capital de Corea del Sur no ha construido su modernidad borrando lo anterior, sino incorporándolo. El resultado es una ciudad llena de capas, capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien las grandes metrópolis asiáticas.

Para el viajero urbanita, además, posee otro atractivo: aquí el lujo rara vez necesita hacerse evidente. Está en la calidad de los espacios, en el diseño de un pequeño café, en la delicadeza de una vajilla, en una galería inesperada o en una cena que reinterpreta sabores con siglos de historia. Seúl invita a mirar con atención.

 

Skyline de Seúl iluminado por la noche, con los rascacielos y luces de la moderna capital de Corea del Sur.

 

Del palacio a la ciudad contemporánea

Una buena manera de comprender esta dualidad es comenzar por Gyeongbokgung, el primero y más grande de los cinco grandes palacios de Seúl. Construido originalmente en 1395, fue el principal palacio de la dinastía Joseon y continúa siendo uno de los grandes referentes históricos de la capital.

Conviene recorrerlo sin prisas, especialmente a primera hora, cuando resulta más fácil detenerse en sus patios, pabellones y estanques y observar cómo las montañas aparecen detrás de los tejados tradicionales. No se trata únicamente de visitar un monumento: Gyeongbokgung proporciona las claves estéticas que después reaparecen, transformadas, en muchos espacios contemporáneos de la ciudad.

Desde allí, el viaje puede continuar hacia Bukchon Hanok Village, situado entre Gyeongbokgung y Changdeokgung. Sus calles conservan centenares de hanok, las viviendas tradicionales coreanas, y siguen formando parte de un barrio residencial real, no de una recreación creada para el turismo. Entre ellas han ido apareciendo galerías, talleres, pequeños restaurantes y espacios dedicados a la cultura tradicional.

Precisamente por tratarse de un barrio habitado, merece la pena conocerlo de manera respetuosa y en grupos reducidos. Actualmente existen restricciones de acceso en determinadas áreas entre las 17:00 y las 10:00 y las autoridades locales piden mantener un turismo silencioso. Es uno de esos lugares donde viajar mejor significa también viajar con más sensibilidad.

 

Cuando la arquitectura mira hacia el futuro

El salto temporal llega al acercarse al Dongdaemun Design Plaza (DDP). Sus formas curvas y metálicas han convertido este complejo cultural en uno de los grandes iconos de la arquitectura contemporánea de Seúl. El espacio acoge exposiciones, eventos relacionados con el diseño, presentaciones y desfiles de moda, y funciona como uno de los epicentros creativos de la ciudad.

Pero el DDP resulta especialmente interesante cuando se integra en un paseo por Dongdaemun y no se contempla únicamente como un edificio aislado. En sus alrededores conviven mercados tradicionales, moda, cultura digital y una actividad urbana que continúa cuando buena parte de la ciudad ya debería estar durmiendo.

Es aquí donde se percibe con claridad otra característica de viajar a Corea del Sur: la tecnología no se presenta necesariamente como algo extraordinario. Forma parte de los espacios, de las compras, de la movilidad, del ocio y de la manera en la que la ciudad se relaciona con quienes la recorren. Seúl no intenta representar el futuro. En muchos aspectos, simplemente vive en él.

 

Leeum: entender Corea a través del arte

Hay museos que merecen una visita por su colección y otros en los que el propio edificio forma parte de la experiencia. El Leeum Museum of Art, en Hannam-dong, reúne ambas cosas.

Su complejo arquitectónico fue concebido con la participación de Mario Botta, Jean Nouvel y Rem Koolhaas y establece un diálogo especialmente interesante entre arte tradicional coreano y creación moderna y contemporánea. Una parte de la colección está dedicada a cerámica, caligrafía y trabajos en metal, mientras otra reúne arte coreano e internacional contemporáneo.

La visita permite comprender algo que se repite constantemente en Seúl: tradición y vanguardia no funcionan aquí como mundos enfrentados. Se observan, se reinterpretan y se influyen mutuamente.

Además, el museo se encuentra en Hannam, una zona perfecta para prolongar la jornada entre galerías, boutiques de diseñadores, restaurantes y cafés cuidadosamente concebidos. Es otra forma de aproximarse al Seúl contemporáneo, alejándose de las visitas imprescindibles y entrando en los barrios donde se está definiendo parte de la estética actual de la ciudad.

 

Palacio Gyeongbokgung en otoño, rodeado de árboles de colores en el corazón de Seúl, Corea del Sur.

 

La gastronomía coreana también habla otro idioma

Seúl merece asimismo un viaje a través de la mesa. La alta gastronomía coreana ha vivido en los últimos años una transformación extraordinaria, con una generación de chefs que trabaja a partir de productos, fermentaciones y recetas tradicionales para llevarlos hacia territorios completamente nuevos.

Más allá de buscar únicamente restaurantes reconocidos, resulta interesante construir un recorrido gastronómico que permita entender esa evolución: comenzar en un mercado, probar pequeños platos populares y reservar otra noche para una experiencia de cocina contemporánea. El contraste ayuda a comprender de dónde proceden los sabores y hasta dónde pueden llegar.

Porque comer en Seúl significa familiarizarse con un universo mucho más amplio que el kimchi o la barbacoa coreana. Fermentados, caldos, vegetales, pescados, carnes, arroces y delicados juegos de texturas construyen una cocina profundamente ligada a las estaciones y al equilibrio.

Y después están los cafés. En pocos lugares la cultura del café en Seúl alcanza semejante nivel de creatividad. Antiguos almacenes, viviendas tradicionales y edificios industriales se transforman en espacios donde interiorismo, repostería y diseño importan casi tanto como lo que se sirve en la taza. Barrios como Seongsu han convertido esta cultura en una forma más de explorar la ciudad.

 

Bienestar coreano: bajar el ritmo en una ciudad que nunca se detiene

Resulta paradójico que una de las ciudades más dinámicas de Asia conceda tanta importancia al cuidado personal. Pero el bienestar en Seúl tiene muchas expresiones, desde los tradicionales jjimjilbang hasta sofisticados tratamientos cosméticos y rituales inspirados en ingredientes utilizados durante generaciones.

La belleza coreana, convertida en fenómeno internacional, encuentra aquí su contexto natural. Más allá de las grandes tiendas de cosmética, merece la pena acercarse a ella desde una perspectiva más pausada: tratamientos personalizados, spas urbanos o espacios en los que tradición, investigación y tecnología conviven de manera casi imperceptible.

Reservar unas horas para el bienestar puede parecer secundario en una ciudad con tanto que ofrecer. En realidad, permite entender otra parte de la cultura coreana y, sobre todo, introducir una pausa necesaria en un viaje urbano especialmente intenso.

 

Seúl después de anochecer

Cuando cae la noche, la ciudad cambia otra vez. El río Han, las luces de los rascacielos, los restaurantes escondidos en plantas superiores y los pequeños bares convierten Seúl de noche en una experiencia distinta a la del día.

Gangnam muestra su versión más cosmopolita; Hannam e Itaewon concentran propuestas gastronómicas y culturales; Euljiro sorprende con locales contemporáneos escondidos entre talleres y edificios que todavía conservan una estética industrial. No hace falta perseguir una lista interminable de direcciones. En Seúl, parte del atractivo consiste precisamente en dejar espacio para lo inesperado.

Porque esta es una ciudad que se disfruta mejor cuando el itinerario no está completamente cerrado. Hay que reservar tiempo para entrar en una galería que no estaba prevista, subir a un café porque su arquitectura llama la atención o cambiar los planes al encontrar un pequeño restaurante lleno de locales.

 

Calle estrecha entre casas tradicionales coreanas hanok en Bukchon Hanok Village, uno de los barrios históricos de Seúl, Corea del Sur.

 

Una ciudad para viajeros que buscan algo diferente

Quizá el gran atractivo de un viaje de lujo a Seúl sea precisamente su capacidad para escapar de una idea convencional del lujo. Aquí la exclusividad puede adoptar la forma de una visita privada, una mesa especialmente difícil de conseguir, un tratamiento de bienestar, una pieza de diseño coreano o simplemente el privilegio de recorrer un lugar en el momento adecuado.

Seúl recompensa al viajero curioso. En una misma ciudad conviven palacios del siglo XIV, casas tradicionales, museos firmados por grandes arquitectos, moda independiente, tecnología, gastronomía de vanguardia y una escena cultural en permanente movimiento. Y, sin embargo, nada parece completamente fuera de lugar.

Tal vez ahí resida la verdadera sofisticación de Seúl como destino: en haber encontrado una manera propia de avanzar hacia el futuro sin perder de vista aquello que la hizo diferente. Para el viajero urbanita, esa mezcla convierte cada jornada en algo difícil de reproducir en cualquier otra capital del mundo.

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